No lo sé, pero si tuviera que adivinar diría que fue lo que me pasó hoy.
Salía del cuartel, bajo una instrucción de 5 horas, tras 13 horas de trabajo en la radio, mal dormida, agotada, rota. Salí con mi dudas, sin sentir los brazos, con las piernas temblando y pensando que ni pude levantar una manga de 38. Le hablaba a mi amiga y lloraba, no paraba de repetir lo Feliz que era pero lo duro que fue el día de hoy. Shhhhh. Paré la oreja. Era la sirena, no sabía por dónde pero estaba cerca. El sonido se volvía más fuerte, estaba parada en la vereda, viendo por qué esquina se acercaba. Y ahí la ví, en la esquina, abriéndose paso, colorada, roja, imponente... La 101 del calaza.
Y sonreí, porque ese Fierro me revitalizó, me hizo sonreír y me hizo acordar por qué elegí estar hoy donde estoy.
Y también gracias a quién... El sargento 1ero más generoso que conozco y que me tiene una paciencia infinita. Carlos Acuña, un hombre sabio, gentil, conocedor y con cierta objetividad pese a estar inmerso en ese mundo que conocer a a perfección. En una frase resuelve horas de embrollo mental, en dos palabras te hace entender lo que la razón o las emociones no pueden. Gracias Carlos, sos quien corre los escombros de este camino intenso, hermosamente intenso.
domingo, 28 de mayo de 2017
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La historia de un tal Carlos
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