Estaba caminando por Riglos, tranquila, yendo a su
encuentro… sabía que estaba debajo de la autopista y en cuanto la divisé, apuré
el paso. El corazón empezó a acelerarse,
era cuestión de tiempo para verlo. Había escuchado tantas historias, visto
fotos, el clásico escudo en la puerta del cuartel, pero, como suele suceder…
nada es lo que parece. Y lo que sentí en ese momento es irrepetible.
Soy una mujer de contextura grande, pero en cuanto lo tuve
enfrente, me volví niña, una vez más. Ya no era a través de una computadora, ya
no escuchaba cómo otros me decían que era. Estaba ahí. Me tomé unos minutos, los ojos no me
alcanzaban para ver cada cosita, los detalles, las placas, los estructurales,
las dotaciones. Todo. Al fin conocí el cuartel del GER Caballito (Grupo
Especial de Rescate). Cuando le comenté a un Bombero que iba a ir al cuartel me
dijo: “Ah, vas al templo del rescate”. Y así fue.
Volví a los tres días, cámara en mano, dispuesta a retratar
lo inmenso de ese lugar, buscando historias, recovecos que dijeran algo. Fue un
día lluvioso, sin sol, poca luz para las fotografías, pero no importó, porque de
ese lugar me llevé dos tesoros, cosas que no puedo contar, por primera vez,
pero que valen más que cualquier foto. No sé qué magia produjo ese encuentro, pero
sucedió y fue hermoso. A mí que me gusta recolectar historias… me iba llena de
recuerdos en mi corazón.
Gracias al Capitán Flavio Chiappetta, por su inmensa
generosidad y su amor por Bomberos, al Oficial Pablo Giardina por su simpleza y
buena predisposición, a Gabriel Pereyra por ese primer encuentro, la paciencia,
las explicaciones y la amabilidad. Al Comisario Fernando Souto por el mejor de
los regalos bomberiles que me pudieran dar.
Tempo del Rescate - Imágenes
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