Salté de la cama. Me dijeron que había habido un incendio en el Congreso. Pensé que ya había pasado todo, pero cuando escuché el helicóptero me di cuenta que “algo” seguía pasando. Agarré la cámara, rogando que tuviera batería, me lavé la cara y, hecha un desastre, salí rumbo al Congreso. A una cuadra la ví, hermosa, roja, radiante: estaba la 101 y sus bomberos al lado.
Caminé un poco más y la alegría fue mayor, estaba la 102 también. La sensación se asemeja a la adolescencia, cuando te dicen que tenés hora libre o que la profesora de biología faltó y no toma el examen. La sensación es similar a la de estar enamorada, vas corriendo, con esas cosquillas en la panza, esperando a encontrarse y cuando eso sucede: nada de lo que pase alrededor importa.
Ya no me importaban mis pelos desprolijos, la falta de maquillaje, ni siquiera las miradas raras por estar sacándole mil fotos a la autobomba. Seguro alguno me entiende.
Con cariño y admiración les dejo este humilde registro, para los bomberos del Cuartel I, Turno I.
Intervención Anexo Congreso - Imágenes
Magda.
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